Desde la colina vaticana.
¿Qué hacemos con la luz de Cristo?
J. Dávila Castellón
La Prensa, Domingo 12-10-2008
Sección: Religión y Fe.

He escuchado, y leído también en más de una ocasión, la queja de algunos convertidos del protestantismo al catolicismo, como de otras religiones no cristianas, respecto al poco celo apostólico de los católicos en general. "Tenía amigos católicos, pero nunca me hablaron de su fe", se lamentan ahora con justa razón.

Seguramente abundan los ciegos espirituales por nuestro mal uso de la Luz de Cristo, pues en vez de proclamar con obras y palabras nuestra fe la escondemos buscando no ser vistos. Mas una cosa es actuar para ser alabado o hipócritamente, y otra, muy diferente negarnos a hablar y actuar según nuestra fe a fin de que Dios sea glorificado.

"Si a mí me hubieran hablado del Señor mucho antes, jamás hubiera sido atea", me expresaba una convertida. "Bueno, quizas nunca lko fui, sino que rechazaba el rostro del Dios que me presentaban", aclaraba luego de reflexionar.

Los que no tienen fe no pueden ver el rostro amoroso de Dios en nosotros, si con nuestra vida no le mostramos lo que significa se cristiano. "Madre, yo no creo en Dios, pero si existe ha de tener un rostro parecido al suyo", dijo un moribundo a Madre Teresa de Calcuta. ¿Por qué?

Mucha gente ha oído predicar y leído repetidas veces el Evangelio, pero lo llega a entender hasta que encuetra un auténtico testimonio de fe.

"¡Hasta entonces entendí lo que significa ser cristiano!", confesaba conmovido un joven al referir el valiente testimonio de un católico. ¡Comprendió el Evangelio hasta que lo vio hecho vida!

¿Qué hacemos con la luz de Cristo? Criticamos a los sectarios por presionadores y hostigadores, pero si ellos pecan por exceso en su desbordante afán proselitista, nosotros pecamos por defecto apostólico al no anunciar con valentía la Buena Nueva.

Exponiendo, no imponiendo, proclamemos a Jesús con la Palabra y la vida... Y ojalá que muchos cristianos y no creyentes, al vernos, lleguen algún día a exclamar: "¡Ahora si entiendo!"